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Perfiles

The Magnetic Fields. Regreso a las esencias

Imagen promocional de The Magnetic FiM. Krasilcic

En bandas de largo recorrido físico y emocional, existen discos poco llamados a la trascendencia, firmados de manera funcional y destinados a cumplir el expediente, garantizar una gira y perpetuar el buen nombre de la banda de turno sin aportar nada de excesivo valor al que se mantenga ajeno a la cosmovisión del grupo. No es el caso. Stephin Merritt ha vestido de sintetizadores y cierta carga de rabia el regreso de The Magnetic Fields. Un regreso de los que valen la pena. Por ART VANDELAY

  • Stephen Merrit recupera su mejor cara como letrista y firma el punto de inflexión para The Magnetic Fields con el que se recuperan después de dos trabajo algo irregulares, alejados del mejor momento del grupo
  • Love At The Bottom Of The Sea cuenta con motivos para reengancharse al devaneo synth de Merrit, autor de un Andrew is drag que justifica por sí solo el alumbramiento del disco
  • La banda tocará el próximo día 6 dentro del Festival del Mil·leni, justo después de pasar por el SOS 4.8

Imagen promocional de The Magnetic FiM. Krasilcic

La banda neoyorquina liderada por Stephen Merrit ha vuelto con honores, recuperando lo mejor de su synth-pop ochentero y haciendo de sus sentidas letras con el amor como telón de fondo su principal leit motiv, de nuevo con Merrit como gran protagonista en vez de Susan Anway, protagonista en los 90 de The Wayward Bus y Distant Plastic Trees, si bien la banda mantiene como hito el bombazo que en su momento supuso el 69 Love Songs, un triple álbum en el que los sintetizadores habituales en el grupo se fundían con varios efectos, guitarras e instrumentos variados, una grandeza a la que en parte regresan ahora dos años después de Realism, puede que su álbum más acústico, con un sonido mucho más cercano al folk de lo habitual

Love At The Bottom Of The Sea es una llamada a la épica, algo que The Magnetic Fields hacía ya un tiempo que no realizaba y que nos ha pillado, por tanto, ligeramente de improviso. Tras dos relativos pinchazos –Distortion y sobre todo Realism no acabaron de funcionar y se quedaron a medio camino- Love At… supone el regreso a las escencias, las que brillaron en su discografía anterior, abrazando el añorado sonido de los 90 bajo el que erigió su reinado, sosteniéndose de nuevo sobre los pilares del sintetizador y reivindicando aquello que en sus dos últimos discos parecía perdido.

Como si el discurso fuese el suspendido desde 69 Love Songs, Merrit y los suyos se han sacado de la manga 15 temas relativamente intensos -ninguno llega a los tres minuto y un tercio del disco no llega a los 2:10-, track-list en el que brilla con fuerza Andrew in drag. El tema termina por ser probablemente el mejor corte del disco y una de las piezas más completas de la banda en mucho tiempo por más que la llamada a la épica de God want us to wait no se quede atrás y que, en líneas generales, su capacidad para generar pequeñas obras de gran calado funcione a la perfección tras los respectivos varapalos que nos llevamos en los dos discos previos al lanzamiento del actual.

Disco donde lo melódico recupera parte del protagonismo perdido en esa última etapa, el valor de las letras vuelve a situarse al alza –Merrit ha utilizado parte de sus propias experiencias de un tiempo a esta parte para tejer el nuevo disco, que marca sino un punto de inflexión sí un regreso a la senda en la que más cómodo se ha sentido el grupo hasta la fecha desde su debut allá en los 90, con momentos para el recuerdo también en la década pasada como fue el caso de i, álbum conceptual integrado por 14 temas cuyos títulos empezaan todos por la letra I y demás genialidades. Allí parecen volver ahora en una acertada decisión. Disfrutémosla.

Detalle de la portada del nuevo disco de The Magnetic Fields

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