L'Alternativa - 23è Festival de Cinema Independent de Barcelona
Crónicas

Primavera Sound // Fòrum, 01/06/2012

Vista panorámica del concierto de The Cure // Eric Pàmies

La segunda jornada del festival quedó marcada de manera inevitable por el maratoniano concierto de The Cure, un impresionante show de más tres horas -seguramente el más largo en la historia del Festival-, viejo sueño de la organización convertido en realidad al que Robert Smith supo corresponder con honores, firmando una actuación para el recuerdo, por más que sus casi tres horas de duración contrastase con las ganas de más que nos dejaron algunos de los conciertos de la jornada. Actuaciones para el recuerdo de Nick Garrie, Sleigh Bells y Girls en una nueva jornada de triunfo de crítica y público para el Festival. Una crónica colaborativa del equipo de SHOOK DOWN

  • Nick Garrie inauguró con honores el ciclo de conciertos del Auditorio Rockdelux recuperando su disco maldito de 1968, el notable The Nightmare J.B. Stanislas, al que dio continuidad un día después en su paso por los conciertos de Ciutadella
  • M83 y The Drums compartieron protagonismo entrando la noche, con dos intensos llenos en el Mini y el Ray-Ban del que salieron triunfadores, cada uno con su personalísimo estilo
  • Sleigh Bells volvió a ofrecer una excelente puesta, dinamitando un Pitchfork que ofreció una gran entrada pese a coincidir de lleno con la hora cumbre del concierto de The Cure

Vista panorámica del concierto de The Cure // Eric Pàmies

Variedad, solapaciones, triunfos, reencuentros y alguna pequeña decepción. Casi todo tuvo cabida en la segunda jornada del Festival en el Parc del Fòrum, en el que artistas como Rufus Wainwright acusaron en exceso los corsés del tiempo mientras que otros aprovecharon su presencia para reinvindicar sus poderosos directos. Es el caso de Sleigh Bells y The Drums. Los primeros alzaron sobre las bases grabadas su descarga eléctrica aprovechando la poderosa presencia del huracán Krauss en el escenario, mientras que los segundos se congraciaron con el Festival tras su relativamente caótico paso de dos años atrás. El ambiente festivo que The Rapture insufló a su actuación y el empaque de actuaciones del Auditorio, entre lo más destacado de la jornada. 

16:00 Nick Garrie plays The Nightmare Stanislas (Auditori ROCKDELUX)
El de Nick Garrie fue uno de los dos discos malditos que encontraron su espacio en el Rockdelux durante la jornada del viernes en el Auditorio, junto al bonito homenaje llevado a cabo con Big Star’s Third. Garrie se reencontró con el The Nightmare  J. B. Stanislas (1968) que tanta huella dejó en su momento a su carrera, un disco clave (y maldito) en su formación personal que le dejó marcas permanentes en su personalidad y trayectoria musical, como bien explica Marta Salicrú en su (excelente) blog para Time Out.

Emocionado de poder interpretar por primera vez el álbum con una formación de cuerda, Garrie repitió presencia en Barcelona tras su paso un año atrás en el Minifestival, por más que fuese la primera vez que actuase con una sección de cuerdas, algo que le permitió dar la forma definitiva que quizá siempre había imaginado para Stanislas, un disco que arrastró sus propias pesadillas tras el suicidio del responsable de su sello discográfico al poco de salir al mercado. Rescatado por el indispensable sello Elefant, Garrie reinterpretó el álbum manteniendo su orden natural y dejando algunos de los momentos más intensos del Festival, dejando para el recuerdo la sensación de alegría que transmitió desde el escenario, en una actuación que emocionó por la gratitud que mostraba el cantautor folk natural de Yorkshire, una felicidad que supo transmitir a la platea, emocionada con el reencuentro. Por RUBÉN IZQUIERDO

17:00 Laura Marling (Auditori ROCKDELUX)
Laura Marling rozó el lleno pese al horario en un concierto de notable calidad musical, acentuado por el derrocho instrumental de la banda que la acompañó. Muy formal en su relación con el público -apenas interactuó entre canción y canción-, Marling cuajó una gran intervención dela que salimos con buen sabor de boca, gracias a una setlist que, dentro de su brevedad, supo bucear con acierto entre los hits de sus dos álbumes.

Delicada y sobria en el escenario pero con un magnetismo propio muy acentuado, Marling sacó brillo a algunos de los temas más destacados de su último disco, logrando alcanzar cotas altas en temas como Don’t ask me why y Rambling man, añadiendo a esos momentos otros igualmente importantes en los rescatados de su disco anterior, como la I speak because I can con la que cerró o con los hits pretéritos que fueron, y son, Ghost y Alas.

Si Marling brilló en el apartado vocal, sus cinco acompañantes no se quedaron atrás en la faceta instrumental, arropando a una Marling que brilló también a la guitarra. Así, Marling brilló con luz propia y justificó su presencia en el escenario. Si Rufus Wainwright -emparentar a Marling con la hermana de aquél, Marta Wainwright, no es del todo descabellado- dejó la sensación de que más que en San Miguel en el Auditorio habría estado su sitio, Marling confirmó que su presencia en el mismo fue un acierto. Su delicada voz logró en él su hábitat perfecto. Por RUBÉN IZQUIERDO

Jornada de gran calado emocional en el Rockdelux, que enlazó de entrada tres conciertos del nivel del de Nick Garrie, Laura Marling y Jeff Mangum. Los tres resultaron soberbios

18:30 Jeff Mangum (Auditori ROCKDELUX)
Jeff Mangum creó en el año 1998 una obra maestra del pop de baja fidelidad y poco después desapareció del mapa. In The Aeroplane Over The Sea, el último disco de Neutral Milk Hotel, no terminó de convencer de manera unánime a la crítica y público del momento, pero el tiempo terminó poniédolo su lugar. La personalidad misteriosa de Mangum ayudó, y sus escasísimas apariciones públicas y colaboraciones en discos de amigos han ido agrandando el mito a lo largo de estos últimos 15 años.

Mangum apareció en el Auditori con solo tres guitarras, sabiendo que el público le esperaba. “Podéis acercaros, no me da miedo” dijo; y una avalancha de fans corrió hasta las primeras filas como si se tratase de un concierto de los Backstreet Boys en los noventa, lo que provocó el enfado de parte del público que había hecho cola durante rato para poder pillar un buen asiento y se quedaron sin ver nada mientras sonaban Two headed boy Pt.I & II. Él mismo pidió que se sentasen para que todo el mundo pudiese disfrutar por igual del concierto.

Con un setlist basado en In The Aeroplane Over The Sea y con alguna sorpresa, como la última canción que grabó bajo el nombre de Neutral Milk Hotel, Little birds, demostró que esas canciones que todos hemos escuchado y amado durante estos años suenan igual de intensas y emocionantes al ser tocadas solo a guitarra y voz. Fue tan perfecto, tan bonito el encuentro, que el público no podía ni cantar -aunque se las sabía todas- por miedo a distraerse y no retener algún instante de lo que estaba viendo, sabiendo que podía volver a perderle otra vez, como ya pasó a finales de los noventa. Por SERGI ALCE

 20:00 Rufus Wainwright & His Band (Escenario SAN MIGUEL)

Rufus Wainwright a su paso por el San Miguel // E. Pamies

La presencia de Rufus Wainwright en el cartel del Primavera Sound 2012 era de entrada de las que más me emocionaba y quizá de las que quedó más lejos de las expectativas generadas en primera instancia. El legado de sus colaboraciones con su hermana me marcó profundamente hace unos años, así que acudí rauda al Escenario San Miguel con la esperanza de reencontrarme con un Wainwright que hacía ya una larga temporada que no se dejabaver por Barcelona. Pero Wainwright, ai, no acabó de conectar con el público, en un concierto que, setlist en mano, quizá habría gozado de mayor fortuna en el Auditori que en el escenario central del Festival.

Impagable en su estética (los estampados parecían salidos de Afrocubism), a Rufus le falló el fondo del repertorio escogido, demasiado intimista para la franja en la que quedó establecido y excesivamente centrado en su último trabajo. Temas no menores pero tampoco icónicos que impidieron que la gente acabase de entrar en el concierto por más que su clase innata terminara de plantear un concierto sobrio y correcto, lejos de la excelencia anhelada.

El pose clásico de buena parte del repertorio escogido y ese “poco tiempo” aludido por él mismo influyeron quizá en el devenir del concierto, que arrancó con Candles y que prosiguió con buena parte del esqueleto de Out Of The Game, último disco de una larga carrera trufada de éxitos al que dedicó buena parte del show. Más que ahí, fue en momentos como el del homenaje a su madre, fallecida este mismo año, donde logró brillar con más fuerza. Por LORENA GÓMEZ.

20:15 Girls (Escenario MINI)

Christopher Ovens, en un momento de su actuación // R. Izquierdo

Con su cuidado atrezzo romántico, que se materializó, como otras veces, en forma de ornamentación floral en los micrófonos, los de San Francisco arrancaron con la dulce Heartbreaker y el sol que poco a poco se alejaba del Fòrum. En esta ocasión, aparecieron acompañados por tres coristas que con sus voces y sus coreografías, muy a lo Supremes, alegraban las melodías de esta banda, y agudizaban todavía más el punto vintage que tiene su música, esa sensación contagiosa de haber viajado hasta los golden sixties.

Girls sonaron bien, y su apuesta por las coristas consiguió un toque clásico y algunos momentos álgidos, como en el tema Vomit, en el que una de ellas ofreció un solo de voz muy emocionante. Fue un concierto harmónico pero contundente, con mucha fuerza en los hits como Honey bunny o Lust for life, los temas más canallas de la banda, que apostó por una imagen más romántica y menos lujuriosa que la que ofrecen habitualmente en sus videoclips y cerró el concierto con Hellhole ratrace, la profunda e intensa balada que dejó un muy buen sabor de boca a los presentes.

La banda de Christopher Owens ofreció un concierto construído con un perfecto equilibrio de temas de Álbum (2009) y Father, Son, Holy Ghost (2011) que se presentó de forma sobria pero agradable, y que recordó a los clásicos que siempre nos vienen a la mente cuando pensamos en ellos, como Elvis Costello o Buddy Holly, de modo que en el Fòrum, Girls se convirtieron en Women. Por NORMA SOLANO

21:45 The War On Drugs (Escenario PITCHFORK)

Un momento de la actuación de The War On Drugs // R. Izquierdo

Se sabía que tocaban en el escenario Pitchfork a las 21:45h, aunque poca gente más sabía de la existencia de este trío de Philadelpia. Sin embargo, para nosotras, ver The War On Drugs era un must del Primavera. Empezaron bien, aunque terminaron mejor. Mucho más intensos y desgarrándose -y desgarrándonos- con el sonido de una harmónica medio distorsionada. Aunque son solo tres, lo suyo es crear sonidos envolventes, llenos de magia, con unas voces que de tan lejanas, fascinan.

Canciones que te invitan a viajar y a echar a correr como Come to the city o otras más rockeras como Your love is calling me. Y vale que lo tenían difícil. Ante la indiferencia de muchos que “iban a conocerlos” y ante otros muchos que, cuál éxodo en masa, salieron a mitad del concierto para coger sitio en The Cure. Aún así,  The War On Drugs mantuvieron el tipo con garra y estilo. Brothers y, como no, la irrepetible Best Nights consiguieron crear esa atmósfera que tanto esperábamos. Por ANNA PACHECO y ANDREA GÓMEZ

22:30 The Cure (Escenario SAN MIGUEL)

Robert Smith // Eric Pàmies

A estas alturas, ya todos sabemos lo que ocurrió con el concierto de The Cure. Antes de que llegara la hora, ya se había informado de que el concierto sería más largo que el resto, y ya se anunció que, además, se estiraría un poco más bajo petición de la banda, decisión que terminó por retrasar algunos de los conciertos más importantes de la jornada -el suyo al margen- como M83 o The Drums.

A la hora prevista, Robert Smith (con su look eterno) y los suyos se plantaron en el escenario con una clara intención de tocarlo absolutamente todo, y lo hicieron con Plainsong, una buena elección para arrancar después un recital de todos sus hits con Pictures of You.  The Cure decidió  recuperar además temas a los que estamos menos acostumbrados o que llevaban años sin tocar, como Fight, Dressing up o Just one kiss, que hacían las delicias de los (muchísimos) fans de la banda que se habían acercado al Fòrum para verles exclusivamente (o casi) a ellos.

El concierto sonó bien, y al cabo del rato fueron apareciendo Friday I’m in love, The caterpillar o Closet o me, y dejaron Boys don’t cry para terminar. Un recital faraónico y con todos los ingredientes para el disfrute de los fans, pero de dudosa compatibilidad con el marco en el que se producía: la noche central del Primavera Sound. Por NORMA SOLANO

 [CONCIERTO DESTACADO] 23:00 Sleigh Bells (Escenario PITCHFORK)

Sleigh Bells, pura dinamita en Pitchfork // R. Izquierdo

Era su segunda visita al Festival y la segunda ocasión en la que tenían que lidiar con un horario complicado al coincidir con un cabeza de cartel. Si en su primera aparición la coincidencia fue con Pixies, en esta ocasión el reto a la hora de llenar el escenario era doble, al cruzar su camino con el de The Cure, principal reclamo de la noche. Coincidente de pleno con Smith y compañía, Alexis Krauss se propuso reventar el escenario a lo grande desde el minuto 1 y lo logró con un enorme derroche físico que encendió a una audiencia entregada que fue a más a medida que el concierto avanzaba y que Krauss y su compañero de fatigas, enorme Derek Miller, llenaban de energía un Pitchfork que corrió el riesgo de volatizarse a golpe de hit, en una noche de lo más enérgica para ambos.

Madurado su sonido con el excelente Reign Of Terror, Krauss y Miller se exhibieron cada uno en su faceta, un marcado reparto de roles reforzado con un segundo guitarra (Jason Boyer estuvo con ellos, manteniendo el ritmo hiperactivo del dúo original)  que ayudó a Miller a la hora de sobrevolar las bases grabadas que les acompañaron. Y con esas bases y una vitalidad desbordante Krauss hizo suyo el escenario moviéndose arriba y abajo, lanzando proclamas al viento y llevando la euforia a las primeras gradas, desde donde cantó uno de sus temas.

Algunos de los mejores temas de su nuevo disco coparon la atención de la audiencia, como el celebrado Comeback Kid, el ascendente Born to lose o ese Crush tan válido a la hora de inundar de glorioso ruido el escenario, pura furia barnizada por el carisma seductor, potente y desgarrador de Krauss, convertida en una de las grandes triunfadora de la noche. Junto a ella, a Miller se le vio disfrutar, hiperactivo a la guitarra y secundando bien los medidos pasos de Krauss a la hora alcanzar algo esencial: la sensación de hacernos olvidar que a esa hora un tal Robert Smith robaba corazones en el San Miguel. Ellos lo hicieron con un disco trufado de carisma, dandónos el gustazo de recuperar la sonada Tell’Em en cincuenta minutos para el recuerdo. Por RUBÉN IZQUIERDO

00:15 Mayhem (Escenario VICE)
Se solapaban de lleno con The Cure, pero fueron bastantes los que se acercaron hasta el Vice sólo para presenciar la performance de los noruegos, que prometía, como es habitual, ser bastante bizarra. Al menos, así lo prepararon. Una hilera de antorchas que teñían de rojo el escenario y cuatro cabezas de cerdo rodeaban a la banda de black metal en el escenario.

Con esta presentación, eran muchos los curiosos que se acercaron simplemente para ver hasta qué punto llegaba el espectáculo de los noruegos, pero mientras que las primeras filas estuvieron abarrotadas mucho rato, el público que había detrás se comportaba de una forma bastante más nómada. El sonido contundente e inssitente de Mayhem, lejano para muchos de los asistentes, y también algo alejado del estilo más predominante en el festival, no convencía, y eran muchos los que se quedaban unos minutos y se marchaban.

Dicen que la banda dejó de existir a principios de los 90, con la muerte de dos de sus miembros, Euronymus y Dead, a causa del asesinato del primero y el suicidio del segundo. Los componentes actuales de la formación parece que quieren retomar las referencias satánicas satánico y abandonan la obsesión por la muerte y la autolesión que caracterizaba antes a la banda. Sea como sea, verles en el Vice fue cuanto menos soprendente. Por NORMA SOLANO

En la solapación del día, M83 llevó a cabo su por otra parte esperada explosión emocional con Midnight City. The Drums sorprendió con un ejercicio de madurez  del que salen reforzados

 00:45 M83 (Escenario MINI)
Apenas unos meses después de explosionar Razzmatazz, M83 volvía a Barcelona para formar parte del Primavera Sound. Y Gonzalez vio como el escenario Mini fue llenándose progresivamente, pese a los 15 minutos de retraso anunciados,  hasta convertirse en la caldera idónea para interpretar algunos de sus temas más reconocibles ante una multitud entregada que levitó por el enorme escenario a golpe de hit. Consciente de las enormes expectativas generadas, González no falló, llevando al Mini a la euforia colectiva, algo ya habitual en la defensa de Hurry Up, We’re Dreaming, disco aúpado por la mítica (¿o deberíamos decir mística?) de Midnight City.

Con Intro como primer pico emocional, M83 logró una conexión identitaria con sus seguidores más acérrimos desde los primeros instantes de su tema de apertura, llevando un crescendo emocional que se reveló grande a medida que se quemaban etapas rumbo a Midnigth City, uno de los mejores singles del curso pasado, protagonista de un torbellino emocional de primer orden. Coeleurs, de su disco anterior, fue una bonita forma de reinvidicar la carrera anterior al boom, corroborando su triunfo con la masa, feliz, saltando al unísono. Por LORENA GÓMEZ

00:50 The Drums (Escenario RAY-BAN)
Había cierta expectación por ver los avances de The Drums en el escenario tras su caótica participación previa en el Primavera Sound, cuando el boom de su disco anterior les situó en primera línea mediática. La banda de Jonathan Pierce demostró una notable consolidación de su directo en su regreso al Festival, en un Ray-Ban a reventar que no sintió la competencia con M83 ante una audiencia entregada que coreó los hits de la banda, mostrando un entendimiento pleno con el bueno de Pierce, al que vimos feliz en el escenario con su habitual expresiva puesta en escena, esos bailes y movimientos tan Pierce que le dan a su presencia en el escenario un sentido tan personal y marcado, amado y criticado a partes iguales.

Con los ecos de Boy don’t cry amenizándonos la espera a los que aguardábamos desde las primeras filas del Ray-Ban el inicio del concierto, y conscientes de haber alcanzado ya una sentida colección de hits con apenas dos discos, The Drums ordenó una setlist sazonada con los temas más reconocibles de sus dos discos, rescatando por sorpresa la autovetada Let’s go surfing, himno repudiado parcialmente en su última gira, que no tocaron en su última visita a Razzmatazz, y al que de hecho han criticado públicamente en alguna entrevista de un tiempo a esta parte. Pero Pierce y los suyos salieron al Ray-Ban dispuestos a seducir a la audiencia y, poniendo toda la carne en el asador, nos permitió el reencuentro con el hit que casi devora a la banda, llevándola a un ejercicio de supervivencia que terminó en derivar en hits como Money, uno de los más celebrados de la noche. Brillaton también What you were y Forever an ever, amen, cerrando su noche con la emocionante y soberbia Down by the water, generando uno de esos momentos en los que se te eriza la piel y cantas a pleno pulmón. Bravo por ellos. Por RUBÉN IZQUIERDO

02:15 The Rapture (Escenario SAN MIGUEL)

The Rapture, de los más multitudinarios // E. Pàmies

Los de Nueva York no convencieron en la pasada edición  del festival, pero sí lo hicieron este año. Tras el largo recital de The Cure en el San Miguel, el suyo era el gran concierto masivo en el escenario principal, y supieron enfocarlo, sacando provecho de su faceta más dance, y convirtiendo su concierto en una fiesta.

Ofrecieron sus clásicos, como House of jealous lovers, pero apostaron por los temas de su último álbum, In The Grace of Your Love (2011) para estructurar un concierto que duró lo justo para que todo el mundo lo pasara bien e incluso se quedara con ganas de más. Luke Jenner y los suyos arrancaron con el tema que da nombre a este último álbum, In the grace of your love, y regalaron después sus temas más bailables con un toque muy disco, como fue el caso de Echoes.

A pesar de estar en el San Miguel y con muchos asistentes que les habían escogido para terminar la jornada del viernes, The Rapture se mostraron cercanos y amenos, y recibieron muy buena respuesta del público, dispuesto a moverse sin parar durante todo el concierto.

El plato fuerte, y el que todos esperaban, How deep is your love, lo dejaron para cerrar un concierto enérgico y divertido que funcionó a la perfección como complemento a una jornada larga, con varios cabezas de cartel y con una muy buena oferta alternativa, además de algún parón para compatibilizar horarios. La fiesta que preparó The Rapture para el PS ayudó a que todo tuviera un happy ending. Por NORMA SOLANO

Y The Rapture cerró la noche de una larga jornada musical, doce horas intensas para el recuerdo con momentos de delirio colectivo en el San Miguel y de agradable paz musical en el Auditori, con una cuidadísima programación de la que nos perdimos dos tesoros: Marianne Faithfull y Big Star’s Third.

Lo Mejor del Día:

  • El apasionante rush final de la noche: de las tres horas de The Cure a la encrufijada The Drums/M83, pasando por el lúdico fin de fiesta con The Rapture
  • Alexis Krauss, espectacular en su faceta de front-woman, un torbellino emocional que rindió tributo a los shows metaleros del Vice, a escasos metros del Pitchfork desde el que arrasó
  • La recuperación por parte de The Drums de Let’s go surfing, repudiado en la última gira y coreado con honores en el Ray-Ban

Lo Peor del Día:

  • Perdernos una joya como Big Star’s Third. Dientes largos por no asistir a lo definido como una carta de amor a la música llevada a cabo por todo un all star’s musical de primer orden.
  • Los corsés en el minutaje que afectó algún concierto: a Wainwright se le hizo corto, no logrando el equilibrio entre la presentación de los nuevos temas y la recuperación de hits pasados, mientras que a Laura Marling le faltaron diez minutos para acabar de cerrar catedralicio paso por el Rockdeluz.

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