L'Alternativa - 23è Festival de Cinema Independent de Barcelona
Discos

Laura Marling: la vía eléctrica de Short Movie

Laura Marling

Laura Marling, de vuelta con Short Movie

Tengo un recuerdo muy nítido de mi primer concierto con Laura Marling. Había escuchado bastante I once was an eagle y me apetecía ver su puesta de largo, así que sacrifiqué -lo de sacrificar es un decir, claro- un par de buenos conciertos en el Parc del Fòrum por verla en primera fila en el Auditori del Primavera Sound de aquel año. Recuerdo que fue un concierto breve, que se me hizo muy corto y que me fascinó desde el minuto 1, una de esas raras veces en la que todo parece estar donde debe. No es que su discografía previa no me hubiese generado un gran interés –Alas I cannot swim es una joya folk cargada de una bisoñez desacomplejada, una rareza que rezumaba madurez allí donde uno podía intuir algo más ligero, pero ese concierto me convirtió en un defensor más para la causa Marling.

Su paso por Estados Unidos, dos años viviendo en Los Angeles tras el éxito de su anterior trabajo, y un mayor trato a la guitarra eléctrica marcan este disco, definido por la propia Marling como más téorico

Tal vez por ello me ha costado entrar en Short Movie, algo que seguramente me deja en evidencia: si Short Movie es algo es sobre todo la evolución natural de la cantautora que tanto me gustó en el Auditori, una artista que en su quinto trabajo de estudio sigue puliendo un sonido cada vez más personal, sencillo y a ratos minimalista, trufado con el contraste que surge de la dulzura de su registro vocal con la madurez de sus letras, un bonito contraste para ir introduciéndose en nuevos pasajes, derivados de ese refugio temporal que la llevó a Estados Unidos dos años, buscando desconectar del tremendo éxito que le llegó antes de cumplir su primer cuarto de siglo.

Su quinto trabajo de estudio, que por lo leído en algunas notas toma su nombre de una frase que le soltó un día a unos amigos, un “life is a very short movie”, apuesta por darle más peso a la guitarra eléctrica que a la acústica para facturar un trabajo al que ella misma se ha referido como “teórico”, en contraste con la faceta más “emocional” de sus anteriores propuestas -sobre ello mismo ha reflexionado en las notas promocionales, apuntando los cambios que produjo en su manera de relacionarse el hecho de vivir en Estados Unidos, relacionándose de un modo “más amplio”, una experiencia vital que ha sabido volcar en un disco que a grandes rasgos convence, por más que se quede a medio camino en algunas facetas.

Su paso por Estados Unidos, que llegó a incomodar de entrada a algunos de sus fans más acérrimos, sobre todo cuando empezó a perfilarse ese nuevo predominio de la eléctrica sobre la acústica, ha ayudado a definir el trazado del disco, completando un periplo vital que tuvo que ver también con el éxito tempranero que le sorprendió antes de cumplir los 25, un refugio más vital que profesional, dando como resultado una hoja de ruta en la que prevalece su notable habilidad como guitarrista, algo que de hecho no deja de tener su gracia: tenemos a una cantante folk muy avezada con la acústica apostándolo (casi) todo a la eléctrica, una decisión atrevida complementada con su decisión de hacer las veces de coproductora junto a Matt Ingram, responsable a su vez de la batería. La banda, que por cierto juega un papel importante en esta nueva etapa, está formada por el bajista Nick Pini, la violonchelista Ruth de Turbeville y el violinista Tom Hobbden, miembro a su vez de Noah & The Wale.

Esas novedades debían notarse en el disco y en el fondo se notan, si bien temas como la iniciática Warrior bien podrían encajar en su discografía previa. False hope o Don’t let me bring you down si se alejan más de la-antigua-Marling, virando  hacia pasajes más pop, sin que ello suprima el folk del tracklist como bien lo demuestran pinceladas más sentidas en temas como Strange.

El resultado es un disco interesante, valiente a nivel de cambios por más que sea en los pasajes más folk los que más convenza a quien esto escribe, caso de la bonita I feel your love o la tremendamente emotiva Walk alone. Disco completo -se va a los 50 minutos- y forzosamente afectado de algún altibajo, Marling sigue revelándose como una buena letrista con el amor/desamor como leit motiv principal, algo que sus tremendas dotes como guitarrista agradecen.

Puedes escuchar el disco al completo en Spotify:

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