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Perfiles

Julianna Barwick presenta su catedral del sonido

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Julianna Barwick nació en Louisiana, entrando en contacto con la música a través de los coros de la Iglesia a la que acudía de niña. Algo de aquellos ecos sacros queda en su música densa y atmósferica, una catedral atmosférica engrandecida por la belleza sonora de su último trabajo en solitario, el notable, a ratos monumental, The Magic Place . Por ART VANDELAY

  • Cambio de sala para el concierto de Barcelona, que pasa de Music Hall a Sidecar, donde actuará mañana para defender su envolvente sonido personal
  • La autora del notable The Magic Place ha sido noticia esta temporada por colaborar con Helado Negro en el también celebrado Ombre, proyecto compartido al 50%

Cambio de sala para Julianna Barwick, que pasa de la inicialmente prevista Music Hall a la Sala Sidecar, donde actuará mañana lunes, tras pasar hoy domingo por La Casa Encendida de Madrid, en uno de esos conciertos que llaman la atención por la rigurosa calidad de su propuesta. La neoyorquina natural de Louisiana está considerada como una de las grandes autoras de la música de vanguardia, autora de un estilo muy personal en el que la electrónica se abraza con lo new age, algo que le ha valido generosas críticas en la prensa especializada.

Sin duda, el gran éxito de Barwick hasta la fecha ha sido el de la edición de The Magic Place en 2011, un trabajo que editó con Ashmatic Kitty y que sirvió para poner su música en el mapa sonoro de la crítica. No ha parado desde entonces la compositora estadounidense, muy acertada a la hora de seguir puliendo las aristas de su estilo musical. Así se explica su celebrada colaboración con Helado Negro, en el proyecto titulado como Ombre que han editado ambos en el mismo sello, pocos meses antes de la aparición de su (muy) esperado retorno, un disco que aparecerá en el mercado a principios de 2013, y que contará con productor de excepción: Jònsi Birgisson (Sigur Rós).

Colaboraciones al margen, si por algo ha brillado hasta la fecha Juliana Barwick ha sido con su monumental último disco en solitario. Desde Brooklyn nos llegaba aquel trabajo que daba continuidad a su LP de debut, Sanguine, y al EP previo que publicó poco antes, Florine. En el grueso de su obra se percibe su gusto por lo atmosférico, al que le da un tratamiento casi catedralicio -su paso por los coros de la iglesia durante su niñez le han dejado impronta-, algo que terminaba de estallar en The Magic Place.

Áquel terminó por ser su primer trabajo de estudio editado con Asthmatic, con el que alcanzaría su cenit creativo hasta la fecha, gracias al mimo de la la instrumentalización y a su acertado coqueteo con lo clásico, un trabajo en suma que nos llevaba muy arriba en lo que a sonidos etéreos se refiere, emociones a flor de piel similares a las trasladadas a Ombre, presentes a buen seguro en su concierto de Sidecar.

En solitario o acompañada, si por algo ha brillado Barwick hasta la fecha es por su capacidad para esculpir pequeños tesoros soñoros, odas a una melancolía de entrada inabarcables, reforzadas por la calidez de su voz y por evocaciones a Brian Eno o Julee Cristie.

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