L'Alternativa - 23è Festival de Cinema Independent de Barcelona
Noticias

Valtari, de disco del año a experimento audiovisual

sigur-ros

Sigur Rós será noticia este septiembre por partida doble. De un lado, destaca la continuación del mosaico audiovisual que están llevado a cabo a través de su proyecto The Valtari Mystery Film Experiment, mientras que por otro su esperadísima presencia en el DCode Festival copará la atención en matería de directos del próximo mes de septiembre. Repasamos las virtudes de su nuevo álbum al mismo tiempo en el que recogemos algunas de las propuestas audiovisuales resultantes de su particular proyecto. Por RUBÉN IZQUIERDO

  • Repasamos las claves de uno de los mejores discos de la temporada, un Valtari con el que Jonsi y los suyos han vuelto al primer plano de la actualidad
  • El lanzamiento del disco ha servido para que la banda lance el proyecto The Valtari Mystery Film Experiment, con el que reputados cineastas filman los clips del disco
  • La banda islandesa estará el próximo mes de septiembre en el DCode Festival

¿Es Valtari el disco del año? Puede que preguntas tan graves no tengan que hacerse en lunes, y menos si se hacen el último lunes de agosto, cuando la euforia vacacional empieza a decrecer y septiembre se acerca sigiloso. Pero Valtari es el último disco de Sigur Rós, el gran reclamo internacional del DCode Festival de este 2012, seguramente la gran cita musical post-vacacional y principal reclamo para un septiembre remolón que ha tardado en llegar. Publicado el pasado mes de Julio, Valtari rompía el silencio de la banda en lo relativo a material inédito con el que Jónsi y los suyos nos venían castigando desde 2008, una espera excesiva que nos mantenía atrapados a su aperturista Með suð í eyrum við spilum endalaust, aquella incursión sorpresiva en nuevos géneros con las que la banda islandesa coqueteó con nuevos géneros como el pop y el folk, logrando multiplicar de manera insospechada su legión de admiradores.

Aquel rumbo dio paso a una larguísima gira, cuyo legado se explica y disfruta en parte en Inni, delicioso recuerdo en directo que incluía en cierto modo una antología con lo mejor de la banda. Pero entre Með suð í eyrum… y Valtari el grupo hizo algo más. Jónsi se centró en su proyecto paralelo con Alex Somers, su novio y compañero de viaje en Riceboy Sleeps, el LP con el que daba un pequeño giro a su carrera sin que ello pusiese en riesgo la continuidad de Sigur Rós.

Tenía Riceboy Sleeps algo de hipnótico. Temas largos, cercanos a la música ambient con un componente evocador vinculable en parte a lo hallado en Valtari. Sin caer en tremendismos, Riceboy actuó como el eslabón perdido entre el giro a lo popular logrado con el último disco y la delicada intimidad de Valtari, un punto de inflexión con el que completar la curva y volver a casa, algo ratificado por el propio Jonsi cuando lanzaron Valtari. Dicho discurso se mantuvo, en parte, en algunas de sus incursiones en solitario, como por ejemplo la banda sonora que creó para We Bought a Zoo, el film protagonizado por Matt Damon bajo la dirección de un melómano de aúpa como era Cameron Crowe.

Como no todo es contemplación en la vida, su otro disco en solitario, Go, retomaba el discurso del último disco de Sigur Rós al caer en ciertos elementos bailables, que confirmaba la versatilidad del líder de la banda en un momento en el que el proyecto coral reposaba en barbecho.

El parón, como es sabido, coincidió en el tiempo con el estallido de la crisis en Islandia, algo que según algunas voces ha influido en la concepción del disco. Discernir hasta qué punto tuvo que ver el estado de melancolía constante del país con la elaboración del disco es algo que queda lejos de nuestro alcance, aunque lo cierto es que Valtari regresa a las sendas más intimistas de la banda, explotando varias pinceladas perfiladas ya en discos anteriores del grupo, dándole a ese estado de ánimo evocador un protagonismo casi indiscutible.

Y es que la melancolía (triste) que rodea a Valtari lo inunda todo. Se hace con el protagonismo indiscutible del álbum en todas sus facetas posibles, desde la portada misma a los primeros acordes de Ég anda, el tema con el que echa a andar. Puede que, de entre todos los temas, el más deliberadamente nostálgico sea Dauðalogn, un tema monumental que se va casi a los siete minutos, con un inicio arrebatador y contemplativo -casi sacro- que subyaga y emociona a partes iguales.

Tras un denso inicio instrumental, bastan apenas unas líneas para meternos de lleno en estado de ánimo reclusivo y evocador que predomina la totalidad de Valtari.

Heimur hljóðlátur (el mundo está silencioso)
Hreyfist ei har höfti (no hay movimient en nuestras cabezas)
Hljómar grafarþögn (suena la quietud absoluta)
Enginn vaknaður (no hay nadie despierto aún)
Enginn taktur hraður (no hay tempo rápido)
Algert dauðalogn (calma absoluta)

Las primeras estrofas de uno de los temas más evocadores del álbum nos vale para fijar esa melancolía, mantenida de forma casi milimétrica en los temas instrumentales. Morguninn mættur, canta después, aludiendo a la mañana que ya llega, la misma con la que ese equilibrio fugaz se muestra inalterable, incapaz de torcer su raíz, previo paso a la coronación definitiva asumida con un coro vocal fastuoso con el que tema llega a su fin.

Un disco para un experimento: la galería de genios.
Pero limitar la grandeza del álbum a los temas líricos, pese a la grandeza de pequeñas piezas de cámara como Ekki múkk, sería un error. Los fogonazos brillan también con luz propia en los instrumentales. Desde la académica Valtari a Fjögur píanó, en el que la contención juega caprichosa con ella misma: hay momentos en los que el piano parece querer entonar el viejo himno de Hoppípolla, aunque se mantenga inalterable en su discurso introspectivo.

Ya hablamos en su momento además del pequeño experimento que la banda está llevando a cabo con el disco, al darle a directores de cine experiementales la opción de hacer de cada tema una pieza audiovisual propia. La última en sumarse a la iniciativa ha sido la excelsa Varúð, de la que dejamos el clip resultante.

Como en otros de los vídeos vistos hasta la fecha, el tema sirve para redundar lo apuntado, con una joven caminando por escenarios urbanos desiertos primeros, populosos después, pero siempre con un destello inconfundible -esas paradas de tiempo, la peluca dorada ondulando casi al unísono de la voz aquí angelical de Jónsi, logrando uno de los clips más bellos del curso, batiéndose la banda quizá a sí misma, destronando al ya comentado en esta web Fjögur píanó.

Los dos clips forman parte así de un proyecto que ha ido creciendo a lo largo de los últimos meses, ofreciéndonos hasta la fecha siete piezas audiovisuales de gran belleza, cuya última propuesta nos será desvelada hoy mismo a través de la página web del proyecto, que puede consultarse aquí. Además de los dos señalados, servidor se queda con el onírico resultado de la propuesta de Melikka Bass y su Varðeldur, que dejamos a continuación.

Junto a los vídeos ya exhibidos, que dan sobradamente para una muestra de videoarte, desde Sigur Rós ya han avanzado que al proyecto le quedan todavía seis clips más, que serán publicados los próximos 10 y 24 de septiembre, 8 y 22 de octubre y 5 y 19 de noviembre, cuando se complete el mosaico audiovisual con el que culminará el proceso creativo de Valtari. En este novedoso proyecto han participado cineastas como Ramin Bahrani, Alma Har’el y John Cameron Mitchell, además de la citada Melikka Bass, entre otros. La otra propuesta presentada este verano fue Rembihnútur, clip filmado por Arni & Kinski.

Valtari es en suma el disco con el que Sigur Rós ha roto un largo silencio creativo de casi cuatro años, ha levantado un proyecto audiovisual paralelo de gran belleza y ha devuelto al primer plano a nuestro admirado Jónsi tras sus por otro lado acertadas incursiones en solitario. Tres razones de peso para situar al disco de Sigur Rós entre los grandes candidatos a Disco del Año. Lo podremos disfrutar en directo en el próximo DCode Festival.

Recomendado

1 Comment
To Top