L'Alternativa - 23è Festival de Cinema Independent de Barcelona
Perfiles

El rock psicodélico intimista se cuece en Brooklyn

My Best Fiend_0

Después de que Pitchfork les comparara con The Verve, “In Ghostlike Fading” es el debut  europeo de la banda de Brooklyn My Best Fiend.

My Besf Fiend, en una imagen promocional // My Best Fiend

Insisto y predico que las comparaciones nunca fueron buenas, pero pese a ello sus  atmósferas no dejan de recordarnos a Spiritualized o a cualquier otra banda de rock  psicodélico, no por ello menos intimista, que lo que pretende es evocarnos sonora y  líricamente, reportándonos a paisajes oníricos. En definitiva, música ambiental rozando el rock de los sesenta. Algo así como mezclar Animal Collective con Explosions in The Sky y añadir pinzeladas de The Flaming Lips. Épico, lo sé. Por IRENE MASOT

En 2004, Fred Coldwell, Kris Lindblade, Gary Tedder y Joe Noll empezaron a grabar  demos juntos e iniciarion una gira con espléndidos directos, para a principios de 2011  acabar añadiendo a Damian Genuardi al redil y autoproducir su primer EP, Jesus Christ.  Tras su primogénito, la banda grabó su primer álbum de la mano del productor Matt  Boynton para terminar 2011 firmando un contrato con Warp Records y lanzar así In Ghostlike Fading a principios de 2012.

My Best Fiend son una de las nuevas apuestas de Warp, quien en su día ya nos  presentaron a grupos como Leila, Grizzly Bear o !!! (Chk Chk Chk) y piezas cinematográficas tan sumblimes como Submarine (2010).

El nombre tan significativo como personal de la banda está inspirado por Mein Liebster  Feind (1999), un documental de Werner Herzog en el que se nos presenta la tempestuosa y fructífera relación profesional que el director mantuvo con el actor alemán Klaus Kinski.

Dignos de mención son los temas como In Ghostlike Fading (disco homónimo), transportándonos a una sensacional experiencia onírica de la cual no se escapa uno;  Cracking Eggs, algo así como la balada a la que no prestaríamos atención hasta que a mitad de canción estalla con ecos rockeros al más puro estilo Pink Floyd de principios de  los 60 y simplemente Cool Doves, favoritismo personal, canción idónea para terminar un concierto -o cualquier etapa a la que necesites decir adiós y una canción que te lo permita- balanzeando los brazos de un lado a otro coreando “Those cool doves wonʼt fly away. Cool cool doves donʼt belong here, baby”. Una de las formas más bonitas que he encontrado para decir adiós y terminar con un “Honey, itʼs amazing”.

Una banda tan intimista como, sin duda alguna, necesaria.

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