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Perfiles

El clasicismo de Julia Holter, de visita

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Semana importante en lo que actuaciones femeninas se refiere. Con St. Vincent de gira estos días -participará en el Día de la Música de Madrid a finales de semana y hoy lo hace en Sala Apolo- y con Frankie Rose de visita especial el próximo lunes en El Decantador vía Houston Party, responsables también de que Julia Holter aterrice este viernes en la Sala Sidecar de Barcelona. Por RUBÉN IZQUIERDO

  • Houston Party trae a Holter por primera vez a nuestro país, después del gran éxito de crítica y público conseguido con Ektasis
  • El reconocimiento internacional de su segundo LP le ha permitido reeditar Tragedy, ópera prima en la que adaptaba el Hipólito de Eurípides
  • Ektasis mantiene el elevado tono cultural de su anterior trabajo

La visita de Julia Holter a Madrid y Barcelona es de hecho la primera que realizará a nuestro país, así que su paso por la Sala Sidecar tiene en cierto modo un valor iniciático para muchos de los que hemos disfrutado con Ekstasis, el LP que le ha dado a conocer definitivamente al gran público y con el Tragedy que ahora reedita aprovechando el boom de su nuevo trabajo. Concebidos prácticamente al unísono, y después de valorar ella misma el primero de sus dos trabajos como “una gran pieza en sí mismo“, Holter arriba a Sidecar con los deberes hechos de la mano de Houston Party, en uno de los grandes acontecimientos musicales del presente mes de Junio.

Cantante y escritora norteamericana afincada en Los Angeles, con una más que destacada formación en música clásica, la crítica estadounidense ha encumbrado su trabajo comparándola con grandes nombres icónicos como del de Laurie Anderson o Meredith Monk, comparaciones que, más que presionar sobre una carrera aún breve pero trufada ya de una envidiable intensidad sonora -la (re)escucha de Tragedy convierte a su ópera prima en la gran obra maestra poco valorada que en realidad fue en el momento de su estreno- sirven para acentuar el poso clásico de una artista con sello de autor, actitud vital nada impuesta (ni impostada) y que cuenta en su trayectoria previa con colaboraciones de lujo como Ramona Gonzalez o, atención, con Linda Perhacs, a la que conoció en un show radiofónico de Dublab, punto de arranque de su asociación musical.

Las inquietudes culturales y artísticas de Holter sirvieron como punto de arranque para Tragedy, trabajo que tomó como fuente de inspiración principal las tragedias helénicas de la Grecia clásica, un reto titánico -o hercúleo, si se nos permite la licencia- del que salió bien parada para configurar el disco de culto que Tragedy es hoy, un (casi) milagro musical reivindicado a colación del pequeño boom que Ektasis ha supuesto en el mercado, concediéndole una segunda vida a su proyecto más personal.

Holter, en una imagen promocional // J. Holter

Tragedy pretendía, y partimos de un propósito enormemente ambicioso, llevar a cabo la traslación musical de Hipólito, una tragedia griega escrita por Eurípides hace más de 2.500 años, un reto de entrada suicida que Holter resolvió con éxito, trazándolo de mil texturas, ecos del medievo y una aureola mística que entroncaba con lo mejor de varios grupos, compitiendo de lleno en la liga de las Zola Jesus, Nite Jewel -con quien comparte productor, Cole M. Greif-Neil-, etc. con una llegada sin previo aviso que nos cogió a todos a contrapie.

Onírica, etérea, surrealista por momentos, su música parece arrancada de la Antigüedad bien entendida para aterrizar por sorpresa en nuestros canales de reproducción, concediéndonos con aquel trabajo fundacional momentos a veces místicos, a ratos oníricos que ha sabido mantener en Ektasis, al que define como “un conjunto de canciones“, diferenciándolo así de lo visto con su trabajo anterior. Pese a todo, el continuismo en forma hace entroncar sus dos trabajos, fijando la música de Holter en esa corriente de electrónica ambiental con protagonismo femenino que ha hecho fortuna de un tiempo a esta parte.

Tragedy partía, decíamos antes, de la adaptación al inglés del Hipólito de Eurípides, una traslación llevada a cabo a través de las traducciones de Robert Bagg y E.P Coleridge, un delicioso collage en el que las referencias a la cultura clásica europea se desprendían de manera natural, insuflando un ritmo propio al álbum -de ahí que la propia Holter lo considere como una gran pieza en sí mismo- donde lo onírico llevaba a cabo, claro, un rol primordial.

Con Ektasis las pinceladas oníricas de su música se mantienen intactas, abandonando a medias el concepto de su primer trabajo -música vanguardista abrazando y envolviendo el teatro puro más primigenio-, configurando una obra quizá más pop (o dream pop, si nos ponemos puntillosos) pero dotada igualmente de un agradable clímax envolvente. Sin renunciar a la literalidad de sus textos -Ektasis bebe de referencias que van de los Balcanes al Medievo- si el disco brilla y se eleva a la categoría de genialidad es en parte por This is ektasis, el tema que cierra el disco y que toma todo lo escuchado hasta entonces sobre su personal universo para crear una pieza de cámara imperecedera, la constatación de encontrarnos ante un feliz hallazgo.

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