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BCore: un encuentro con Jordi Llansamà

Bcore

En el discurso de BCore conviven varias historias con personalidad propia. Es la historia de su fundador Jordi Llansamà, la del hardcore estatal y, visto en perspectiva, la historia de la evolución de una gran rama de la música independiente de este país. Tras veinticinco años en activo, de hecho, BCore ha visto de cerca los cambios de direcciones y tendencias, las transformaciones y crisis de la industria así como la cacareada revolución digital, adaptándose sin dejarse arrastrar ni perder sus valores iniciales.

En sus comienzos, BCore era sinónimo de hardcore, promoviendo nombres internacionales y editando otros estatales, con puntales claros como 24 ideas o Xmilk, para acabar publicando algo más tarde otros enormes referentes del género como Aina o Standstill. Tanto Aina –que tras su disolución daría lugar a Nueva Vulcano, con Artur Estrada a la cabeza– como Standstill podrían servir como la personificación de la historia misma del sello. Ambas bandas han sido protagonistas de un cambio de dirección desde su sonido inicial, de la mano del hardcore, abriendo a cada paso y con cada nueva referencia nuevas vías musicales a explorar. Así mismo, BCore ha abierto las puertas a nuevos estilos en los últimos años, alejados de sus señas de identidad de los primeros momentos pero siempre con la independencia como estandarte. Sacando estilos alejados del mercado -desde revival mod, reedición de antiguas referencias punk y, sobre todo, manteniendo el impulso de bandas locales y nacionales- han sabido cómo evolucionar sin perder la personalidad que les hizo reconocibles.

Con motivo de su 25º aniversario dedicamos en Shook Down UNDERZINE vol 3 el monográfico a la casa de discos, hablamos con Jordi Llansamà sobre la historia de BCore y realizamos un breve repaso a estos 25 años  de historia. Cómo decíamos, BCore ya no es solo hardcore. En su discurso caben muchos nombres más además de aquellos primeros y legendarios como Corn Flakes. Por ello, hablamos con algunos de sus protagonistas y formaciones más reconocibles de los últimos tiempos (Joan Colomo, Eric Fuentes, Anímic, Salvaje Montoya, Charades…) y dedicamos dos entrevistas en profundidad a Nueva Vulcano y The New Raemon. Hazte con el número aquí, y disfruta del documental Soroll de Tot Cor: 25 anys de BCore, este domingo en el Beefeater In-Edit 2015. Una entrevista de ANITA MARTÍNEZ

BCore comenzó desde el underground más profundo, recogiendo las semillas del punk de los ochenta de la Ciudad Condal, un punk arraigado en las calles y en los locales de ensayo. Como dice el propio Jordi en el prólogo de su libro Harto de Todo (BCore disc, 2011), “ser punk entonces era difícil, no te dejaban entrar en los bares y eras abucheado en los pueblos”. El punk nació como una herramienta de revulsivo social y fue sobre todo al principio algo más que una estética, desvirtuada hoy por la absorción de la industria.  Quizá convenga apuntar antes de empezar que, tras la dictadura, las novedades en lo musical llegaron tarde, sobre todo las internacionales. No sería hasta mediados de los ochenta cuando las primeras bandas comienzan a experimentar aquí con un punk más agresivo y espídico, cargado de contenido político y social, que se acabó por denominar hardcore. Esta nueva rama surgida del punk, nacida en Los Ángeles y Washington DC a finales de los setenta, destilaba la agresividad, urgencia y dureza de una juventud de clase obrera, cabreada y harta del sistema. Pero para cuando el hardcore llegó aquí, en Estados Unidos ya se habían abierto las vías de un hardcore mucho más melódico, de tintes rítmicos, acercando el género a nuevos públicos más ligados a la universidad que a la calle. Todo ello, sin embargo, sin perder su cariz político y reivindicativo.

La historia de BCore comienza a fraguarse antes de su fecha oficial en 1990, momento en que realizan la edición de su primera referencia musical “Datamos BCore en el año noventa porque fue cuando editamos el disco de Corn Flakes. Pero ahora, que a raíz del aniversario estamos rescatado flyers y otras cosas, nos damos cuenta que en el 87 estábamos ya haciendo cosas de catálogo. La marca existía como BCore Productions, pero no hacíamos ediciones propias. Distribuíamos maquetas, cambiábamos fanzines, movíamos material, hacíamos camisetas… Se creó ya como BCore ‘Disc’ a partir de entonces, del año 1990. Yo lo cuento como discográfica desde este momento aunque realmente arrancase antes.”

El punk ochentero de la capital barcelonesa, con grupos como L’Odi Social, HHH, Decibelios y sobre todo Subterranean Kids, fue el caldo de cultivo en el que Jordi fraguaría todas sus inquietudes, no solo un estilo de música sino el espíritu del ‘hazlo tú mismo’, la autogestión y autoedición “Yo personalmente sí que cogí todos estos primeros grupos de los que hablo en mi libro (Harto de todo). Los mamamos muchísimo. Nos influyeron sobre todo en la manera en que hacían las cosas. Ellos en aquel momento autoeditaron algún single, trabajaban sus maquetas y sus discos, y yo era un gran consumidor y seguidor de todo aquello. Después lo adapté y lo llevé hacia el mundo de la edición para empezar a sacar discos”. Ya como adolescente, antes del nacimiento definitivo de BCore, Jordi comenzó la edición de su primer fanzine a golpe de fotocopia, junto con otros tres chavales, Lo Kurkó de les Korts. “Los primeros fanzines que hicimos debían ser del 87 y era aquello de tijera y pegamento, montado a máquina… Éramos unos críos de unos 18 años, así que de lo que explicamos allí mejor no acordarse porque da risa. Pero en su momento aquello fue toda una apuesta creativa, que no es poco. Más tarde, ya como BCore, hicimos el Reptilzine, que salió incluso en quiosco. Una gente que llevaba una revista se interesó por el fanzine y se encargó de la distribución y nosotros hacíamos solo el contenido…” Más adelante siguieron con la edición escrita con el Absolut Zine, un fanzine en el que aglutinaban referencias nacionales del estilo y también internacionales, con especial interés por el sonido de Washington DC. Un auténtico referente de la época pre internet. “Con el Absolut hicimos una tirada de mil copias con cd y los pulíamos. Y ojo, lo hacíamos sin distribución ni punto de venta fijo. Cuando lo pasamos al formato web ya aparecieron muchísimos más y no tenía la misma tirada. En formato escrito habían muchos colaboradores, y sobre todo muchas columnas de opinión, que yo creo que en ese momento era lo que molaba realmente y llegaba más a la gente. Había algunas muy destructivas y la gente quería carnaza. A la vez generaba muchísima respuesta, y eso que no se podían dejar posts…”, recupera de aquella época, destacando que todo aquello generaba “mucha conversación y comentarios. Había en concreto dos o tres columnas que la gente ya esperaba antes de que saliese el número. Es lo mejor que tiene el punk, criticar desde dentro, punk criticando a punk. Y eso era liarla”. Entre las que recuerda con más precisión rescata “un par de columnistas que iban realmente a la llaga y creaban enemistades, como Pri, alter ego en realidad de Xavi Navarro, productor de numerosas bandas de metal y hardcore, y más tarde bajista de The Unfinished Sympathy. “Él venía del heavy y lo veía todo con otra perspectiva, más desde fuera. Todo el tema de representar algo que no eres y ser un poco teatrero, que era algo que en realidad él comentaba también con un punto teatrero. Era muy divertido, aunque a la gente que estaba muy metida en eso les dolía un poco. Pero visto con el tiempo su sentido de humor es brutal”, nos rescata con cariño de aquella época.

El trabajo como discográfica comenzó entonces con el LP debut de Corn Flakes, No Problem (BCore, 1990). Jordi decidió editarlo tirando del dinero de su propio bolsillo y sin un plan estratégico de convertir BCore en algo estable. La música de Corn Flakes iba ya por las sendas de hardcore melódico y el éxito a nivel de público fue total. Su éxito y los nuevos tintes melódicos despertaron recelos entre ciertas comunidades del hardcore más puro, que los tildaron de vendidos. “El primer hardcore era una movida muy de calle, de barrio. Con la entrada del hardcore melódico, con gente como Corn Flakes, el rollo más callejero se absorbió por otro tipo de gente. Los universitarios empezaron a entrar en este circuito, es lo que se llamaba los pijocores. No era importante si eran realmente pijos o no, pero el contraste era fuerte con lo anterior, que era una historia muy de calle. Fue también a partir de bandas como Misfits o Descendents. Hacia el 87 surgen todas las bandas aquellas Straight Edge, que eran en realidad chavalines universitarios que muy poco tenían que ver con el hardcore más suicida y kamikaze del principio. Aquellos se identificaban más con las bambas, las capuchas, las X… mucho símbolo, pero no tenía aquella mala leche y lo malcarado de todo lo otro, que era mucho más callejero, de bronca y rollo kinki, por decirlo de alguna manera.” A pesar de las posibles tensiones, BCore marcó desde el principio unas señas de identidad claras. Sin ningún tipo de promo ni distribución, BCore consiguió mantenerse y llegar a convertirse en un referente discográfico gracias a una ‘comunidad’ de seguidores con las mismas inquietudes. Tanto es así, que la historia del hardcore de los noventa, a nivel nacional, debe mucho a la existencia de la discográfica, y más adelante, la llegada de las novedades del post-hardcore que venían desde Washington DC, ciudad que marcó la tendencia de este estilo.

Tras Corn Flakes, BCore comenzó a editar grupos europeos e internacionales, como Rythm Collision o Identity, y recuperaba nombres de importancia hercúlea como Subterranean Kids, de quienes publicaron un 7” en directo. Además, pronto ampliarían su espectro fuera de la capital catalana, editando a otros grupos nacionales como Trip Inside o Soonflowers. El sello, como la escena en general, se movía hacia un hardcore que apuntaba en dirección a ese impasse entre el hardcore original de los 80 y la ola melódica que acabaría derivando en ese punk pop de mediados de los 90. Pero hacía 1992 surgió una banda que destilaba sonidos más duros y agresivos, sin olvidar sus letras políticamente comprometidas. 24 Ideas sería la primera banda de la que Jordi formaría parte como músico y una de las más influyentes de un hardcore puro de esta segunda generación. “Unos chavales más jóvenes me hicieron la propuesta. Yo tocaba el bajo, básicamente como hobby, y había hecho de todo un poco: sacar grupos, editar… pero tocar en un grupo, no. Lo hice porque tenía ganas y sobre todo porque en aquel momento había pasado un poco el hardcore más duro, más influido por los primeros ochentas, y me pareció muy interesante en ese momento. Era casi un revival de reivindicación de grupos que a mí me habían gustado mucho y de los que había sido fan. Pensé que era buena idea volver a sacar un grupo a la contra de todo lo melódico que en aquel momento estaba saliendo.” Tan solo unos años después otra banda reivindicó el hardcore más duro de la vieja escuela desde Barcelona y cercanías, Xmilk. La banda comenzó con un sonido también melódico, pero pronto sorprendieron por su innovación, y a diferencia de lo que suele suceder con la mayoría de grupos, endurecieron sus sonidos con el paso del tiempo. Con un pie en el hardcore más primitivo y original, abrieron nuevas vías, en una escena nacional que tendía a una repetición casi mimética del sonido hardcore, y que se acercaba más a grupos como los suecos Refused.

La cantera de BCore durante unos años se compuso de bandas como Xmilk, Childhood, Virtual Noise, y unos Corn Flakes más orientados hacia el pop, entre otros. El punto de inflexión clave de la primera etapa de BCore sería la entrada de Aina en escena. Formados en 1995, comenzaron su relación con BCore con su primer single Uptight. La publicación del mítico Sevens (BCore, 1997) no fue sino una recopilación de los primeros singles de la banda, que se agotó con rapidez y pasó a estar descatalogado durante un tiempo. Con su segundo álbum, su primer larga duración en realidad, Aina se había convertido ya en un auténtico referente, con un sonido al que ninguna banda nacional había llegado hasta el momento, recordando por partes iguales a Jawbreaker y al post-hardcore de Washington DC. El éxito de Aina, que fue durante una larga temporada la cabeza visible de la discográfica, además de una de las bandas por excelencia del circuito independiente, marcó también un antes y un después en sus formas de proceder. La onda expansiva de la importancia de Aina fue capital y sirvió tanto para catapultar la importancia del sello como para impulsar y animar a otras bandas a pulir su trabajo. Aina marcaba una apertura en el sonido y eso abría también las puertas hacia un público más amplio, aunque para Jordi su importancia real fue otra. “No sé si realmente Aina sirvió para llegar a otro tipo de público, pero sí para crear o transmitir una nueva manera de hacer la cosas. Así como la mayoría de grupos se querían parecer a los grupos de fuera por el tipo de música y el sonido que querían hacer, Aina lo hizo con la actitud. Fuera de aquí los grupos hacían giras por todas partes cogiendo la furgoneta, y creo que Aina fueron de los primeros de esta hornada en instaurarlo aquí. Esa filosofía de salir a tocar porque nos gusta, las giras, los ensayos, los viajes arriba y abajo… Hacer piña con otros grupos de fuera para juntar fuerzas, traerlos aquí y hacer gira con ellos aportando furgoneta y backline, y sobre todo la mentalidad, que es lo que más ha cambiado después. Ahora hay muchos grupos que si no tienen algo fijo que les vaya a cubrir todo no se mueven. Lo de entonces era mucho más aventurero”.

El posicionamiento de BCore como discográfica establecida les permitió afianzar relaciones con sellos afines a nivel nacional e incluso internacional, especialmente a través de las relaciones con discográficas hermanas como DeSoto y Dischord. Esta última, referente clave para BCore y para la historia misma del hardcore, ha tenido una producción continuada desde los 80, basada y siempre fiel a los principios de independencia con los que aún continuaron en la etapa del post-hardcore de los noventa, especialmente con Fugazi. Y eso a pesar del enorme interés de la industria musical al completo por ellos, desde las grandes majors hasta la MTV, empeñadas en absorber todo lo que sonara a música independiente a raíz del rotundo éxito del Nevermind de Nirvana.

Estas relaciones permitieron que BCore pudiese traer a nombres relativamente desconocidos por entonces aquí.  En 1992 trajeron a Green Day y más tarde también a At the Drive-In. Así las cosas, BCore empezó a organizar las giras nacionales de estos grupos, lo que servía además para potenciar a las propias bandas del sello, con las que solían hacer giras, o conciertos. “Hacíamos mucho carteo. Yo traía muchas cosas de Dischord aquí. Al final fuimos para DC y conocimos en persona a la gente de allí. Conocimos a bandas como Kerosene 454, que ya conocíamos por carta, y nos los trajimos aquí junto a Bluetip. A raíz de eso, como la cosa salió más o menos bien, no paramos de traer nuevas bandas…”. Esa política les permitió además editar referencias de esas discográficas y programar sus bolos, afianzando más aún su papel como intermediario lupa para las novedades internacionales, que también subrayaron a través del Absolut Zine, donde reseñaban material venido de casas de discos independientes tanto europeas como americanas. Programaron a bandas clave de la época como June of 44 o Karate, Oswego y también otras europeas como Kevlar o Cobolt, pero con el paso de los años la actividad decreció en ese sentido. “Antes nos internacionalizábamos mucho más, hacíamos conciertos, traíamos a gente… Pero esto al final desgasta y decides pasar relevo. También hay que saber hacerlo. No se puede ir siempre a todo y a ese ritmo. Decides que tire otro de la cuerda”.

Mientras, su papel como discográfica se hacía cada vez más importante y más y más nombres de referencia salían de su factoría. Nombres como Zeidun, unos No More Lies que a pesar de tener pocas referencias editadas han sido siempre un referente nacional, junto con unos primerizos Standstill -quienes permanecieron en la casa hasta que dieron su giro de estilo definitivo en 2006 con Vivalaguerra (Buena Suerte/Intolerancia)– marcaron la actitud y calidad de BCore durante aquellos años, sin perder de vista otros grandes nombres como Half Foot Outside, Madee, The Unfinished Sympathy o Tokyo Sex Destruction. Situados ya en los primeros años de la década 00, BCore abrió sus puertas a nuevos sonidos, con bandas tan representativas como Delorean, que en 2003 grabarían con Santi García (productor por excelencia de una gran mayoría de los grupos de la casa) su álbum homónimo. A pesar de la presencia cada vez mayor del indie-rock entre sus álbumes publicados el catálogo BCore no perdió de vista los rasgos característicos más cercanos a su sonido, instaurando una nueva tendencia muy de la casa gracias a grupos como It’s Not Not o Nisei, y así ha seguido sucediendo a lo largo de estos últimos tiempos con otros como Estrategia Lo Capto!, Margarita o Betunizer. Pese a ello, su trabajo continuo como sello ha llevado a BCore a ampliar su paleta de sonidos, una tendencia en la que podemos encontrar a corrientes como el delicado sonido de Les Philippes, el folk pausado The New Raemon o María Rodés, seguido de la reedición de material “perdido” del punk ochentero con HHH, Kangrena, Shit S.A, GRB o Eskorbuto.

Una historia llena de cambios y adaptaciones de la que se sienten especialmente orgullosos, sobre todo por el hecho de haber mantenido una (evidente) coherencia desde sus inicios. “Creo que si una cosa hemos hecho bien es que nos hemos vendido muy poco, y es algo que además hemos sabido mantener hasta ahora.  No nos hemos dedicado a contratar diseñadores o directores de videoclips, ni hemos contratado publicidad de según qué cosas. Hemos tirado siempre de un Do It Yourself total, y lo que no podíamos hacer desde la oficina, lo hemos hecho con gente de nuestro entorno. Ahora sí que después de todo este tiempo, en algún momento puntual, hemos contratado alguna promo externa, pero aparte de eso nos lo hemos hecho todo nosotros”, reflexiona sobre su manera de trabajar. “Cuando quieres crecer puede suceder que si intentas buscar más público pierdas la microescena en la que empezaste. Cuando formas parte de un círculo pequeño y eres un amante fiel, si pasas a ser absorbido por un círculo más grande puede pasar que pierdas un poco el interés. Sucede así continuamente, así que la lucha se centra en que no nos pase”.

Con todo, BCore ha sido protagonista en primera persona de la historia de la música independiente de este país, convirtiéndose a su vez en un testigo privilegiado del cambio de la misma, sabiéndose adaptar a las nuevas circunstancias sin perder su personalidad. En Corn Flakes, por ejemplo, se asomó en su recta final Raül Fernández, hoy nombre clave en la escena al frente de Refree. Artur Estrada pasó de ser el estandarte de Aina, una de las formaciones emblemáticas del sello, a formar junto a Wences Aparicio de Shanti Rd Nueva Vulcano, una banda de comienzos post-hardcore que ahora coquetea con el pop en sus sonidos. Son solo pequeños ejemplos, aunque valdrían muchos más, como el de  Joan Colomo. “De Zeidun a la Célula Durmiente y de ahí a Colomo. Son tres cosas distintas, pero la manera de trabajar, la relación banda-sello, es la misma. Esto sí que nos lo hemos mirado mucho”, nos apunta Jordi al respecto.  “Hubo un momento muy bueno con Standstill y Delorean, en que teníamos la escena casi copada, pero eso se acaba en algún momento. Y es normal que pase: no puedes estar toda la vida en primera línea. Algunos grupos a veces buscan mucho más y yo he tenido que marcar líneas y decir en qué liga quiero jugar. En ese sentido prefiero la comodidad a tener que trabajar con managers de no sé dónde y temas de publi, y es algo que me pasa cada vez más”, concluye. “Quizá por eso no he tenido problema en dejar marchar a grupos que han crecido. Con algunos de ellos, como Delorean o Unfinished Simpathy sigo teniendo una relación flipante, así que esa evolución yo la he vivido de una manera muy satisfactoria. Ver hasta dónde han llegado Delorean o Standstill, por ejemplo, me provoca una sensación de orgullo, y la sensación negativa es completamente nula”, apunta con un brillo en los ojos.  “Si hubiera tenido mala relación con ellos podría haber tenido algún roce. Igual lo que hacen ahora no me gusta tanto como lo que hacían hace tiempo, pero el respeto sigue intacto, sobre todo por la conexión de amistad que tenemos. Cuando ves que escalan y que salen en la tele o a triple página en un periódico se te llena el orgullo pensando ‘a estos los descubrí yo, han salido de casa’”.

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