L'Alternativa - 23è Festival de Cinema Independent de Barcelona
Entrevistas

Aries: encuentro en dos actos (una reflexión sobre el pop)

Aries

Confieso que hablar con gente como Isa de Aries es una de esas cosas que uno más valora cuando se implica en una publicación como esta. Tras colaborar en un par de números con nosotros en esta entrega nos apetecía hablar con ella sobre Un Rayo Ultravioleta, el precioso libro que Ediciones Chelsea editó recopilando sus mejores textos en la red, aunque su fichaje por K Records para la edición internacional de su próximo trabajo se solapó en el tiempo con los días en que devoramos su libro. Eso transformó lo que tenía que ser una charla sobre el libro en una conversación más global, de la que surgen reflexiones sobre el valor terapéutico de la música, el amor incondicional hacia Brian Wilson o algunos detalles sobre este bonito Adieu or Die (La Castanya/ K Records, 2016).

TEXTO: RUBÉN IZQUIERDO | FOTOGRAFÍAS DE HELENA EXQUIS CEDIDAS POR ISABEL FERNÁNDEZ Y DE MARY WILSON PARA EDICIONES CHELSEA

Ediciones ChelseaHola Isa. Si te parece vamos a partir esta entrevista en dos bloques. ¡Es lo que tiene sacar un libro y un disco casi a la vez! ¿Cómo surge la idea de Un Rayo Ultravioleta?
Pues Alex, el editor, me contactó en mayo del 2014. Yo acaba de tocar en el Primavera, y al acabar el concierto cogí mi teléfono y tenía su mensaje. No conocía a Alex personalmente aunque tenemos algunos amigos en común y bueno, me propuso recopilar textos míos de todo tipo, tanto profundos como livianos, textos que tuviesen lugar a lo largo del tiempo, en los años que llevo tocando. La idea me encantó: me gusta mucho el formato collage-batiburrillo… Asimismo, él ha sido superserio y generoso en todo momento, así que ha sido una experiencia muy bonita.

En ese batiburrillo se alternan reflexiones con artículos aparecidos en varias publicaciones, desde recomendaciones a entrevistas. Además de todas esas colaboraciones has gestionado varios fanzines propios. ¿Recuerdas tu primer fanzine?
En mi colegio, con 15 o 16 años, unas amigas hacían un fanzine llamado El Ave Turuta y es el primer fanzine en el que participé. Era un colegio de monjas, solo de chicas, y esto era como un panfleto subversivo donde nos quejábamos de las profesoras, de las monjas… recuerdo que había un consultorio sentimental porrero y poesías al cura, que era el único hombre que veíamos cada día (risas)… Era muy chorra pero estaba muy currado.

¡Suena divertido! ¿Qué es lo que más te gusta en el ritual del fanzine?
Soy muy casera y lo que más me gusta es los momentos de hacerlos en casa tranquilamente, escuchando algún podcast o disco, mientras llueve fuera… O hacerlo con algún amigo en casa también… Esos momentos de recogimiento y diversión son los que valoro más de los zines.

En cierto modo los fanzines han resistido mejor que la prensa generalista la irrupción de Internet. Desde tu experiencia fanzinera, ¿a qué crees que se debe?
Bueno, desde mi pequeña experiencia fanzinera, supongo que resisten mejor que la prensa generalista porque suelen materializar la visión completamente personal y subjetiva de quien los hacen, de forma libre e independiente.

Precisamente en uno de los textos hablas del peso de internet. Escuchas Patina refleja bien la posición del autor ante las redes, algo que también deslizas en algún que otro texto, en el que te niegas a que todo se limite a premios, estrellitas en las reseñas y listas de fin de año. ¿Se banaliza desde los medios con tanta lista y tanta urgencia en las publicaciones? ¿Cómo se combate eso?
Es que todo eso me parece bastante antimúsica en realidad… Es meterla en una lógica de competición que no me interesa mucho, la verdad. Y además, creo que habiendo internet donde todos podemos escuchar las canciones y decidir si nos gustan o no, no tiene mucho sentido hacer críticas así: puntuando y soltando una retahíla de nombres de otros grupos. Me parece mucho más bonito e interesante si aportan otras perspectivas, si aportan información sobre el grupo/disco, si lo relacionan con otras disciplinas o experiencias y te abren la mente… Y con respecto a la urgencia, creo que es muy difícil sumergirte en la experiencia que el músico propone teniendo que escuchar tropecientos discos en tiempos mínimos para atender a la actualización constante. Todos tenemos discos que hasta que no pasan muchas semanas, no empiezas a entender y disfrutar… y muchas veces son discos sublimes.

Isabel Fernández, en una imagen promocional para Un Rayo Ultravioleta

Es una experiencia agotadora. A mis discos favoritos tardé en llegar.
Sale un disco y en seguida hay que decir si está bien o mal… Es para decir, “¡espera, hombre!” Es como si se le hubiese extraído todo el valor espiritual o humano o artístico a la música… Y al final los discos fuesen puros objetos de consumo que anuncias a toda prisa y puntúas en la lista de la compra.

Una de las cosas que me gusta del libro es que en él podemos bucear en la manera en la que entiendes y vives la música. Hay un artículo especialmente significativo en el que comentas que de tu primera etapa musical extrajiste sobre todo saber qué es lo que querías y lo que no, por un lado, y aprender a decir que no. ¿Cómo recuerdas aquella etapa más formativa? ¿Echas de menos la ingenuidad de los primeros discos?
Recuerdo aquella época como algo muy desbocado, sin control sobre la música y sus vicisitudes… También mucha diversión y experiencias nuevas todo el rato. Pero lo cierto es que no echo nada de menos… Ahora me siento un poco más sabia sobre qué decisiones tomar y a nivel musical, no tiene comparación; siento que tengo muchas más herramientas que antes.

En “Los demacres del trotamúsicos” nos regalas una visión poco idílica del que se dedica a la música. Escribiste el artículo en el aeropuerto, lo que imagino conllevó una sobrecarga de fatiga. ¿Qué es lo que menos te gusta de ser músico?
Lo que menos me gusta es todo lo que no es música. Lo que me encanta es componer, grabar y tocar… El resto me gusta menos. No me gusta exponerme mucho porque a veces me hace daño… Pero claro, en el momento en que cuelgas tu música o te subes a un escenario es parte del asunto. Tampoco me gusta la percepción de “rascahuevos” que existe… Quiero decir, yo puedo estar doce meses trabajando horas y horas en un disco y para gran parte de la sociedad me estoy rascando los huevos. Tampoco me gusta el mundo de la noche… En realidad hay muchas cosas que no me gustan, pero me compensa todo lo musical.

Personalmente los textos que más me gustan son aquellos en los que reflexionas sobre el pop vital y optimista, en parte porque son discos en los que me gusta refugiarme. Como sucede en el cine en la comedia, en ocasiones parece que a la crítica y a parte del público le cuesta dignificar el pop. ¿Por qué crees que pasa? ¡Algunos de los mejores discos de la historia son pop!
¿Crees que esto es bastante español? ¡Es que fuera no me parece que pase para nada! Como cuento en el libro, quizá la causa esté en todos los filósofos del siglo XVII que identificaban al alegre con el ignorante, o a la influencia del sombrío catolicismo… La verdad es que no lo sé… Para responder a esta pregunta podemos echar un vistazo a esta página del fanzine que hice con Coki de Charades, “Reflexiones musicales por Coki e Isa”. (nota: ver en las páginas maquetadas, subidas al inicio del texto)

En tu música siempre ha habido esa vocación optimista. La Magia Bruta me animó algunos días tristes. ¿Qué influencia juega la música en tu estado anímico?
Mmm, tampoco es una vocación optimista total, porque siempre he hablado tanto de cosas tristes como alegres, de asuntos melancólicos y divertidos. ¡La vida, al fin y al cabo! Lo que siempre intento es canalizar esos sentimientos en melodías y arreglos más luminosos o, no sé, música que dé ganas de hacer cosas… no sé cómo llamarlos: yo los pienso así. Respondiendo a tu pregunta, ¡la música juega una influencia gigante en mi estado anímico! En el mío y en el de casi todos los humanos, ¿no? ¡La música es tan poderosa! Te puede hundir en la miseria o levantarte por el aire. Yo la necesito un montón y hay canciones que me salvan y me hacen sentir parte del Universo.

En el libro hay varias alusiones al concepto amistad. Creo que para ti es importante rodearte de músicos y colaboradores amigos, algo que en parte también has hecho con los sellos. ¿Concibes la música sin ese componente cercano? ¿Hasta qué punto es un aspecto innegociable para ti?
Esta es una de las cosas que aprendí durante mis primeras experiencias musicales y desde entonces sí que ha sido bastante innegociable. Desde entonces siempre he tratado de rodearme de gente afín, de tocar con buenos amigos, de priorizar el componente humano a la pericia instrumental, técnica o el interés… El camino es mucho más lento de esta manera y a veces me pregunto sobre el sentido de tomar decisiones románticas en algo que es una industria al fin y al cabo… ¡Igual me equivoco y es mejor ser más pragmático! ¡No lo sé! Pero es que siempre que he cedido y no he tomado esa vía me he sentido como un alien, superincómoda.

Aries_

HACER MÚSICA ME SALVA Y ME HACE FELIZ

Un par de citas del libro: “cuando hago música el tiempo se para” y “la música no es un pasatiempo de verano”. Darle un componente profesionalizado es casi imposible hoy en día, ¿cómo compaginas los preparativos que le das a cada disco con tu día a día? ¿Qué importancia le das a todo el proceso creativo previo antes de entrar a grabar?
Bueno, desde que vivo en Galicia, puedo permitirme muchísimo tiempo para tocar. Para el último disco, de hecho, he estado un montón de meses exclusivamente grabando y componiendo. Yo le doy mucha importancia al proceso porque es lo que más me gusta del mundo, me flipa hacer música por encima de todo e intento hacerla lo mejor que sé. Lleno libretas de apuntes, hago decenas de maquetas, cacharreo horas… Muchos meses sumergida en eso. A veces cuando estoy ahí enfrascada pienso “ay, mi madre, con lo insignificantes que son mis canciones en este mundo”, pero me da igual. Hacer música me salva y me hace feliz.

A lo largo del libro hay varias alusiones a los Beach Boys. Luego volveremos a Brian, pero creo que conviene remarcar que es tu grupo favorito.
Sí, sí. Brian Wilson es mi compositor, productor y cantante favorito… Soy muy pesada con él pero es que le amo. Es el único grupo que no me canso de escuchar. ¡Es inagotable! Smile es mi disco favorito de toda la historia; para mí no hay nada más imaginativo, inteligente, moderno, divertido, elevado y punk que ese disco.

Ya acabo este bloque: tenemos que hablar del disco. Recientemente se anunciaba tu fichaje por K Records. Imagino que en caso de un “Rayo Ultravioleta 2” hablarías de ello. ¡K Records es como la casa del pop!
Si te soy sincera aún no me lo creo mucho. ¡Tengo ganas de tener el disco en mis manos! ¡Me hizo una ilusión gigante! Y me alegré mucho también por mi sello, La Castanya, porque es una forma de validar su trabajo y todo lo que me han apoyado.

Me he prometido a mí mismo no hacerte muchas preguntas sobre K Records, así que solo haré una pregunta más. ¿Qué grupos del sello encajan más con tu filosofía?
Pufff, ¡no sé! ¡Es que han editado a mucha gente! Me siento afín a su espíritu feminista, libre y autónomo.

ADIEU OR DIE, EL REGRESO DE ARIES

Has titulado el disco Adieu or Die. ¿Qué significado le damos?
Bueno, la explicación es un poco larga, ¡lo siento. Durante los seis primeros meses de hacer el disco yo no estaba en mi mejor momento personal y lo único que me apetecía y me ayudaba a hacerlo era escuchar “Surfs Up” todo el rato. La canción contiene la frase “While at port Adieu or Die”, que es un juego de palabras sobre un poema de Alfred Tennyson.

¿De qué trata el poema?
Bueno, el poema original dice “To do and die”. Adieu viene de “A Dieu” que significa “A Dios”; al mismo tiempo, “Adieu” es un adiós rotundo (diferente a “aur revoir”, para entendernos) y también contiene la palabra “Die”. Igualmente, me gusta mucho la idea de “do or die”; ya sea “skate or die” o “cultivar tu jardín or die”: la pasión y el compromiso, el esfuerzo gigante a muerte y jugártela. Todo esto era mi concepto perfecto para lo que estaba sintiendo mientras escribía las canciones. Me aferré a lo que más me gusta con todas mis fuerzas y me creé mi propio Adieu or Die.

El disco sale a la venta el 1 de abril y contará con la distribución internacional de K Records en Estados Unidos y Canadá, cosa que nos encanta. En Europa, además, repites con La Castanya. ¿Sientes más presión que en tus anteriores trabajos por el hecho de que se distribuya en un sello con tanta historia
No, no, ¡nada de nada! Bastante me exijo y me vuelvo loca yo sola (risas). Intento que ningún agente externo de ese tipo interfiera en mi manera de hacer las cosas. Me tomo muy en serio componer, grabar, ensayar y tocar… pero el resto no lo pienso y me parece que son terrenos que no me competen. Obviamente prefiero que a la gente le gusten las canciones, pero creo que si haces las cosas teniendo en cuenta inputs así, sólo pueden salir cosas pochas. Me siento más cómoda trabajando así.

Para alguien como tú que valora y quiere tanto el género pop, entrar en la familia musical del sello de Calvin Johnson debe ser un hito. ¿Cuáles son tus canciones favoritas del bueno de Calvin?
Ummm… pues me gustan mucho Tiger Trap, Me Untamed, Cast a Shadow… esas de Beat Happening y Fuck Shit, de Dub Narcotic Sound System.

Aries

Acabando con K Records, no sé si cuando estabas en Charades te imaginaste editando algún día allí. Creo que tu carrera ha seguido una evolución muy natural, y ello te ha permitido dar pequeños grandes saltos. ¿Percibes una marca autoral en tus canciones?
Supongo que sí, claro… Yo huyo de mis dejes y mis tics y trato de no repetirme y reflejar el momento que estoy viviendo pero claro… es la misma persona, es mi filtro articulándose en canciones. ¡Supongo que es inevitable que exista esa marca! Espero saber transmitir el momento y el cambio, sin repetirme pero sin dejar de ser yo… Admito que es difícil.

Siguiendo con eso, algo que no te he preguntado nunca. Llevas un manejo muy natural de tus redes sociales como ARIES, algo que seguramente ayuda a que la relación con el público sea muy cercana. Eso enlaza de algún modo con el libro que acabas de publicar.
Me alegra que me digas eso porque en algunas redes me siento “spameadora”, una brasas total (risas). Me pasa sobre todo en Facebook, que solo lo uso para spamear con mis asuntos. El WordPress e Instagram son otra cosa, ahí cuelgo cosas que me gustan y quiero compartir. Recibo bastantes mensajes de gente y me gusta mucho. Cada vez que alguien me escribe, me da la vida porque a veces temo estar predicando sola mi mierda en el desierto (risas) y no sé si llego a nadie. ¡Escribidme siempre que queráis, que me hace una ilusión gigante y siempre contesto! (risas). Con el libro ha sido alucinante porque como en él cuento muchas cosas personales la gente se ha abierto también y me han escrito contando sus problemas y sentimientos. Ese intercambio ha sido lo mejor del libro para mí.

De las fechas confirmadas hasta ahora destacan dos: la del Teatro Arte de Madrid y la del festival Primera Persona, una propuesta a la que te sientes muy apegada. ¿Qué vínculo emocional tienes con el festival? ¿Qué significa para ti participar en el festival?
Bueno, en primer lugar está Kiko Amat al que conozco muy poco pero siempre me ha apoyado mucho… Él y su hermano Uri fueron los primeros en tomarme en serio como músico. Cuando estaba en Charades, ellos fueron los primeros en hacerme una entrevista con preguntas fantásticas sobre música y mil ideas… Y cero condescendencia por ser una chica joven. ¡Kiko Amat siempre me ha dado fuerzas! Y bueno, yo era muy fan de sus libros… ¡Cuando me lo presentaron me acababa de leer Mil Violines y quería comentarle Mil Movidas! (risas). Por otro lado, el concepto del festival me encanta. Me encanta leer, me encanta la música y me flipa su visión cero cínica del arte.

Leo en las notas promocionales del disco, que es algo que siempre me gusta comentar. “En las diez canciones encontramos potentes combinaciones entre melodías sixties y construcciones electrónicas de gran calidez”. ¿Cómo has trabajado ese equilibrio?
Bueno, lo de las melodías sixties discrepo un poco… pero si se refieren a los sesenta porque esa es la época dorada del pop y del pop experimental me parece bien (risas). A ver, yo soy fanática profunda del pop de finales de los 60 y claro, eso se percibe en mi música. Pero no tengo ningún interés en hacer revival ni nada nostálgico. En todo momento dejo que el presente y todo lo que me rodea me influya y sea mi inspiración. Igualmente, estoy entusiasmada con mejorar, utilizar nuevas herramientas y cacharros… ¡Estoy ávida por aprender!

En las notas se alude también a Brian Wilson, por quien has mostrado tu admiración en varias ocasiones. Imagino que lo verás en el Primavera. Ya has contestado al principio de la entrevista pero, ¿qué hay de Brian en Adieu Or Die?
Pues como te comentaba al principio… Si he tardado doce meses en hacer el disco, durante los seis primeros solo escuché esa canción de Brian Wilson (risas). Los otros seis meses restantes, ya volví a ser una persona normal y escuché más cosas como Daphne Oram, DJ Shadow, Aphex Twin, Underground Resistance, Zito Righi, Scott Walker, Cluster y las Smile Sessions en bucle (risas). Brian es mi amor, música inagotable para mí.

Sigo con la nota: “Disco alegre, que transpira melancolía”. ¿Qué le pides tú a un buen disco de pop?
Básicamente buenas canciones. Buenas melodías y buenos arreglos. Con buenas melodías ya puedo estar contenta pero si las melodías y la producción son creativas, si los sonidos y los arreglos son arriesgados, fuertes, divertidos, sorprendentes, si el grupo crea su universo propio… Entonces ya sí que me emociono de verdad.

 

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