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Perfiles

Anaïs Mitchell. La vida después de Hadestown

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Que el folk estadounidense vive uno de sus mejores momentos es algo que resulta una obviedad. Anaïs Mitchell es una de las cantantes que ha contribuido a perpetuar uno de los géneros por excelencia de la cultura norteamericana, y lo ha hecho en parte con un último disco notable, con el que consolida todo lo presentado con anterioridad, sobre todo aquel delicioso experimento que acabó siendo Hadestown, presentado durante el mes de mayo por diferentes puntos de Europa, si bien el Tour ha esquivado España para pasar por Reino Unido, Italia o Alemania. Por RUBÉN IZQUIERDO [Fotografía de Jay Sansone]

  • Quinto disco de estudio para Anaïs Mitchell, el primero después de su delicioso Hadestown
  • En su anterior obra trató de realizar una ópera folk basada en Orfeo y Eurídice y acabó desarrollando concibiendo uno de los mejores trabajos discográficos que se recuerdan, con colaboraciones de Anni DiFranco y Justin Vernon
  • Tras escuchar sus dos primeros discos, la propia DiFranco se la llevó a su sello discográfico, donde ha editado los tres siguientes

Que la música de Mitchell emana esencia norteamericana es algo que se evidencia desde los primeros acordes de Young Man in America, una Wilderland que la entronca con otras propuestas arribadas de aquellos lares. Compositora desde los 17  años, la música de Mitchell se apoya en una instrumentalización notable, concibiendo su último disco según reveló a una entrevista en Euronews para “que el álbum llegue a la gente”, apunta al tiempo que remarca “que no son canciones para bailar“, confesando su cercanía con autores más preocupados en la letra y la historia de las tramas -en este caso de marcados tintes sociales y políticos- cantadas que en otras consideraciones. Disco emocional, a esa letra la arropa con una instrumentalización en la que se nota la enjundia de los músicos que han trabajado con ella para concebir su quinto LP de estudio. Músicos de las formaciones de Norah Jones o Tom Waits, a los que hay que sumar el guitarrista Adam Levy o Jenny Scheinman, vinculado a la banda de Lucinda Williams, colaborador de lujo aquí.

Nacida en Vermont pero residente en Austin desde bien joven,  a los 21 años autoeditó su primer álbum, grabado en apenas un día. De allí pasó al festival Kerrville Folk, donde logró el premio a Artista Revelación, iniciando una progresión ascendente que ya no entendería de puntos muertos. Aquel disco de debut le abrió las puertas a un pequeño sello de Chicago, donde editó el Hymns For The Exiled que le llevaría al sello discográfico de Ani DiFranco, quien la atrajo hacia su discográfica convencida del talento y las facultades artísticas de Mitchell, y a la que le acabaría produciendo uno de los mejores discos de los últimos años.

Aunque la carrera de Mitchell estaba ya consolidada por entonces, lo que vino después terminó de consagrarla entre los grandes nombres del folk de cuna made in Usa. En 2006 emprendió un proyecto de amplia impronta personal. Hadestown se convirtió en musical folk, bautizado por la crítica como Ópera Folk, inspirado en el mito de Orfeo y Eurídice. El proyecto empezó de manera intimista -el modo al que Mitchell se ha acercado siempre a la música- y acabó convirtiéndose en una macrogira con 22 músicos por diferentes ciudades de Inglaterra. Para la grabación del disco, uno de los mejores de la temporada, Mitchell estuvo arropada por la propia DiFranco y con nombres del calibre de Justin Vernon o Greg Brown, logrando el reconocimiento unánime de la crítica británica. elevado con honores a los tops de 2010 y haciendo de Anaïs Mitchell una de las grandes sensaciones folk del momento. Con Vernon, de hecho, mantiene una buena relación desde entonces, y el próximo 12 de Septiembre abrirá para él en Providence.

Sensaciones que confirma ahora con Young Man In America, álbum de poso melancólico, inspirado en la recesión económica experimentada por su país en los últimos años, cantando todo ello con una dulzura desarmante, dispuesta a trascender, y que tiene en el título homónimo del disco uno de sus grandes puntos culminantes. Pura delicia.

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